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Página 1 de 2 La modernidad es cada vez más rápida. De pronto, las cosas que hace unos meses eran consideradas como lo más vanguardista, resulta que están obsoletas.
El futuro cada vez llega más rápido, todo es tan cambiante que pareciera que nuestro metabolismo hace que nos quedemos rezagados ante el avance de la tecnología. Pareciera que la tecnología va marcando el ritmo de la vida actual y quien por lo menos no conozca las nuevas máquinas, está condenado a ser un anticuado. Sin embargo, se demuestra una vez más que las generaciones de jóvenes son las que, a su vez, marcan la forma como debe de darse el enfrentamiento con lo nuevo (ellos son lo nuevo) e incorporan sin ningún miramiento las cosas que se crean a una vertiginosa velocidad, haciendo ellos mismos cambios en su relación con el entorno. De esta forma, los jóvenes van modificando todo, hasta la manera de hablar, de escribir, de expresarse, de comunicarse con los demás. Eso hace que el idioma también vaya transformándose, actualizándose siempre acorde a las necesidades de comunicación de la última generación y, esos cambios escandalizarán a la generación anterior y todos usaremos la tan trillada frase: “en mis tiempos…” Y no es que las antiguas generaciones no hayan pasado por una situación similar, sólo que en tiempos pasados las cosas no sucedían tan rápido y el enfrentamiento con la generación que le antecedía era más violento, se hablaba de una brecha generacional muy amplia y rara vez coincidían los intereses de los jóvenes con los mayores, prevaleciendo siempre el de los viejos, impuestos con autoritarismo. Hoy, eso no puede ser. Y no precisamente porque no puedan o no quieran hacerlo, sino porque es tan rápido el cambio que ni tiempo da de hacerle frente. Cuando se está debatiendo una cosa, ya hay otra en la puerta llamando la atención, mientras los jóvenes se insertan en la modernidad como les indique su entender, descuidando otros factores del desarrollo personal, emocional, social. Esas cosas se viven y se aprecian en un corto tiempo. Las cosas personales que antes eran tomadas con más tiempo, mediante una formación más rigurosa, con más tabúes, hoy son enfrentadas por estas personas casi sin darse cuenta; así tenemos como un claro ejemplo la iniciación sexual que, en un esfuerzo por romper los atavismos y antiguos tabúes, la generación actual lo toma como algo que debía pasar y que entre más rápido mejor, rompiendo los antiguos dogmas y añadiendo otros basándose, según, en un mayor conocimiento de causa. Tal vez por eso, los valores que le dieron sustento a la sociedad se esfuman poco a poco. La familia, llamada desde hace mucho, el núcleo de la sociedad, hoy corre un enorme peligro de desaparición. La virginidad, que antes estaba llena de mitos, hoy es en sí misma un mito. La lealtad, fidelidad y respeto, hoy es cuestionado. Pareciera que la modernidad no puede aceptar esto, así como se implantó hace mucho tiempo, pareciera que estos valores necesitaran de modernización o de desaparición para dar paso a otros nuevos, diferentes, acordes con la vorágine que plantean los cambios vertiginosos que vivimos. ¿Qué es lo que falta? Tal vez que las generaciones que fuimos formados hace ya algunos años, abramos ojos, oídos y corazón a los jóvenes que están luchando por incorporarse el mundo moderno y que están gritando que les reservemos su lugar en buenas condiciones. ¿Usted que opina? Add as favourites (21) | Cite este artículo en su sitio | Views: 296
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