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Un cuento de policías y ladrones |
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Escrito por Margarito Escudero Luis
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Página 1 de 2  Naín Domínguez, siguen los problemas El asunto, sin lugar a dudas, va más allá. Se trata de quitar piezas claves para poder colarse más a fondo en la estructura que el alcalde pretende conformar, para desestabilizarla, para impedir que se consolide y, en este momento, no hay otro sitio mejor que mermar el área de seguridad pública para poder despertar el sentimiento de inseguridad entre la ciudadanía.
De siempre se ha sabido que una férrea disciplina y un alto concepto del honor y la honradez, son los valores que se desean para que los cuerpos encargados de proteger a los ciudadanos funcionen a cabalidad.
Durante mucho tiempo el ejército y la armada han mantenido el respeto de los mexicanos.
No tanto las policías del país, federal de caminos, policías municipales, tránsito y vialidad, judiciales y más, están manchados por asuntos de corrupción.
Los jefes policiacos se ganan el puesto dependiendo de la cercanía que tenga con el político en turno, de un lazo amistoso o simplemente por haberse incorporado al equipo haciendo favores.
Sin embargo, había cierta disciplina, cierto respeto al jefe y el temor a perder la chamba hacía que los uniformados se mantuvieran quietecitos.
Las cosas han cambiado drásticamente. Ahora los patos les tiran a las escopetas. Desde que el narcotráfico o (como se dice ahora) la delincuencia organizada se empoderó en el país, el primer objetivo fue corromper a las fuerzas de seguridad. Los bajos salarios fueron el punto débil de estas corporaciones para ser infiltradas por esta delincuencia, la que, a cambio de protección, hacían que los elementos cooptados, permanecieran en el puesto para encubrir o hacerse de la vista gorda ante las actividades ilícitas.
No fue un secreto la corrupción en que cayó la policía capitalina cuando estuvo en manos del tristemente célebre Arturo “el negro” Durazo. Ya se hablaba de tráfico de cocaína bajo su mando, contando con una banda que no todos fueron capturados y puestos bajo la sombra, muchos de ellos aún siguen en activo, siendo policías y sirviendo a los delincuentes de gran poder.
Este mal creció al amparo de las autoridades cómplices del crimen organizado, los esfuerzos por enderezar el rumbo fueron débiles y sin ningún efecto y esa corrupción creció y creció hasta convertirse en un gigantesco monstruo que invadió otras áreas del quehacer público, hasta instalarse en casi todas las actividades que se realizan en todos los sectores de nuestra nación.
Por eso no es extraña la rebelión de policías que pega directamente a la incipiente administración de Marcelo Montiel. Por supuesto que no son los gendarmes interesados en apoderarse de la corporación policiaca, los que se han atrevido a ponerle el cascabel al gato, no es la amenaza el Almirante Naín Domínguez con sus propósitos de poner en orden a la policía de Coatzacoalcos.
El asunto, sin lugar a dudas, va más allá. Se trata de quitar piezas claves para poder colarse más a fondo en la estructura que el alcalde pretende conformar, para desestabilizarla, para impedir que se consolide y, en este momento, no hay otro sitio mejor que mermar el área de seguridad pública para poder despertar el sentimiento de inseguridad entre la ciudadanía.
El asunto va más allá de pleitos por el poder dentro de la corporación. No hay que perder de vista cómo fue el origen de la actual presidencia municipal, la rivalidad entre grupos políticos y dejó de ser amistosa para pasar al terreno de de la confrontación, no abierta tal vez, pero llena de escaramuzas subterráneas.
Así, mientras Marcelo Montiel fustiga a los policías y les ordena que se pongan a trabajar y a cuidar la ciudad, tiene que sobarse las espinillas por todas las patadas que está recibiendo de sus compañeros del partido de unidad que proclamó durante su campaña, de sus “amigos” fieles que con su lealtad y disciplina lograron el triunfo del partido.
No dude usted que los asaltos y robos a casa habitación se incrementarán en el corto plazo. Se trata de sembrar el miedo en la población para que protesten contra el responsable de cuidarlos.
Podrán cambiar a todos los jefes policiacos, podrán renovar todo el cuerpo de gendarmes, podrán llenar de nuevas patrullas la ciudad, pero eso no cambiará nada.
Al tiempo…
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